No existe una única infraestructura correcta para vender globalmente. La ruta depende de qué vende, quién compra, si cobra una vez o de forma recurrente, cómo entrega, en qué país opera, cómo recibirá el payout y si existe una razón empresarial independiente para crear otra entidad. El diagnóstico correcto empieza por el problema y termina en una arquitectura proporcional, no al revés. Una solución puede ser local, global, gestionada, propia o incluir una entidad adicional, pero cada capa debe justificarse con una necesidad concreta. Este diagnóstico convierte preguntas dispersas en una secuencia de decisión verificable para evitar comprar complejidad antes de necesitarla.